
En las calles de Guadalajara, donde el aroma de la historia se mezcla con el de la modernidad, las personas publicistas y comunicadoras estrategas que crecimos en los años ochenta y que ahora nos enfrentamos al compromiso y oportunidad de formar a una nueva generación, nos preguntamos qué es lo que, por responsabilidad y compromiso, nos toca compartir para enfrentar los desafíos que vienen. Nosotros, que desde nuestra infancia esperábamos escuchar el timbre porque sabíamos que eran nuestros amigos pidiendo permiso para que nos dejaran salir a la calle a jugar a las traes, al matarile rile ro, y a construir casitas en los árboles -a veces de madera, a veces de pura imaginación-; pero que al atardecer corríamos de regreso a casa para jugar Nintendo. Fuimos niñas y niños que, sin darnos cuenta nos adaptamos a la transición, porque vivimos en el cambio. En esos años poco se hablaba de publicidad, se consumía, pero estaba reducida al propósito de vender.
Hoy –en este compromiso de pensar las herramientas que mejor los preparen para el futuro– nos encontramos con jóvenes que prácticamente nacieron con un dispositivo electrónico que les permite conectarse y desconectarse del mundo cuando lo deseen. Nosotras caminábamos por calles que estaban adornadas con vallas publicitarias estáticas, con carteles que anunciaban los productos más populares de la época. Vimos entrar nuevas marcas, pasamos de los Panam a los Reebok. Ya no había una sola marca, había variedad de ellas y no todas eran mexicanas. La televisión reinaba indiscutiblemente como el principal centro de entretenimiento, y los comerciales se convirtieron en pequeñas obras que se colaban en nuestras salas de estar. Las revistas y los periódicos eran portadores de mensajes que inmediatamente capturaban nuestra atención, y las melodías pegajosas de los jingles publicitarios se quedaban grabadas en nuestras mentes: huele a pollo, sabe a pollo…
Pero entonces llegó la revolución digital, y eso trajo consigo una nueva era para la publicidad y comunicación estratégica. Vimos cómo Internet se abría paso en nuestras vidas, fuimos testigos de que las redes sociales se convirtieran en el epicentro de la interacción humana y entendimos que los dispositivos móviles se fueron volviendo extensiones de nosotras mismas. Éramos apenas adolescentes cuando abrimos nuestra cuenta de Hotmail y comenzamos a interactuar con conocidos y extraños a través del ICQ. Aún podemos escuchar el sonido que nos significa conectarse a la red (y córrele porque alguien de la familia tenía que hacer una llamada telefónica). Fuimos testigos de la transición de una Guadalajara analógica a una digital, donde las posibilidades parecían infinitas y los desafíos, innumerables. A nosotras como publicistas y comunicadoras estrategas que nos formamos en el campo, y no en la academia, teóricamente no se nos dijo mucho. Recibimos los apuntes, los primeros enfoques, los nortes de generaciones previas a la nuestra. Ellas, ellos, fueron quienes abrieron camino, quienes dieron los primeros pasos, a quienes les debemos y estamos agradecimos.
En este punto de inflexión, nos encontramos ahora frente a una nueva generación de profesionistas en formación, con un espacio especializado en la universidad: jóvenes que han crecido en un mundo dominado por la tecnología y la conectividad. Nosotras, como portadoras de un legado que se remonta a tiempos más simples, sentimos el deber y la responsabilidad de compartir lo poco, lo mucho, lo efímero, lo líquido que hemos aprendido, que creemos o más bien queremos que les permita seguir el camino. Nos toca entregar nuestros apuntes. Así que si sigues leyendo, a partir de aquí te encontrarás con siete de ellos.
En una ciudad como Guadalajara, donde la cultura y las artes son pilares fundamentales que dan vida a sus calles y rincones, los objetivos de la educación en publicidad deben estar estrechamente ligados a fortalecer esta relación de comunicación con la cultura local. Es vital que nos enfoquemos en transmitirles a las y los futuros publicistas y comunicadoras estrategas la importancia de –y aquí el primer apunte– conectarse de manera auténtica y significativa con las personas, utilizando la creatividad como puente para promover y difundir las expresiones artísticas y culturales que definen a Guadalajara. Henry Jenkins, en su obra Cultura de la Convergencia, nos recuerda que «la comunicación no solo se trata de transmitir un mensaje, sino de crear conexiones significativas entre las personas». Por ello, es importante tener un enfoque ético y culturalmente sensible en la comunicación estratégica, que fortalezca los lazos entre los proyectos y su público, contribuyendo así al enriquecimiento del panorama cultural. Mensajes que conecten, estamos llenos de mensajes vacíos.
A partir de la reflexión anterior surgen las siguientes preguntas: ¿cómo podemos utilizar de manera más efectiva los recursos publicitarios y de la comunicación estratégica para impulsar la cultura y las artes locales? ¿Qué estrategias podemos implementar para asegurar que la publicidad y la comunicación estratégica contribuyan de manera significativa al enriquecimiento del panorama cultural de la ciudad? Viene el segundo apunte: aprovechar la tecnología para crear experiencias inmersivas y envolventes que logren conectar con las audiencias de manera activa.
Para lograr lo anterior será necesario, aquí el tercer apunte, humanizar el dato, y comprender -más allá de las estadísticas- los valores y tradiciones culturales del público al que nos dirigimos. Eso es y seguirá siendo lo más importante; habremos de inculcarles a las futuras generaciones, como nuestro buen Leon-o lo hizo con nosotros: ver más allá de lo evidente. Poner el énfasis y no perder de vista el uso y desuso de las plataformas digitales, los espacios urbanos y, comparto el cuarto apunte: fortalecer alianzas con artistas locales y organizaciones culturales es sin duda lo más relevante hacia donde debemos enfocar a las próximas personas que se formen como publicistas y comunicadoras estrategas.
La publicidad desempeña un rol vital en el fomento de la cultura y las artes al unir fuerzas con diversas y diversos actores, y convertir los espacios urbanos en plataformas para impulsar nuevos o instalados talentos y expresiones artísticas. Desde mi experiencia, en colaboración con distintas instituciones tanto públicas como privadas, tuvimos el privilegio de revitalizar espacios públicos mediante la creación de galerías y escenarios que han fungido como cunas para talentos emergentes de nuestra ciudad, transformándose en motores de la creatividad local. Además, esto permitió dar cabida a quienes ya habían marcado la escena.
La colaboración entre personas creativas publicitarias, artistas locales e instituciones permite establecer alianzas que reflejan los genuinos intereses de la comunidad. Se les brinda una plataforma para colocarse que, a su vez, contribuye a democratizar el acceso al arte y la cultura al hacerlos más visibles para un público más amplio. La retribución justa, además de ser el quinto apunte, es un elemento esencial dentro de esta colaboración, reconociendo el valor del trabajo de cada una de las partes. Lo anterior es uno de los puntos que nuestra generación poco ponía en el centro, pero al que ahora, afortunadamente, se le da más atención. Y es que también es momento de atender el aspecto económico y darle la vuelta a tan mentada frase por amor al arte y convertirla en por el amor a quienes crean arte. Así, en un entorno tan diverso y multifacético como Guadalajara, la sensibilidad cultural es fundamental. Quienes nos dedicamos a la publicidad y comunicación estratégica –y esto se convierte en el sexto apunte– debemos estar al tanto de las manifestaciones artísticas tradicionales como el mariachi y la danza folclórica, pero también de las tendencias y movimientos contemporáneos que están dando forma a la escena cultural de la ciudad. Este enfoque ético y culturalmente sensible no sólo fortalece la relación entre los proyectos y su público, sino que además contribuye al enriquecimiento del panorama cultural.
Y como la cultura y las artes no son entidades estáticas, sino que están en constante evolución y transformación, influenciadas por las tecnologías emergentes y las nuevas formas de comunicación, será parte de nuestro reto formar a personas dispuestas a –y este sería el séptimo apunte– adaptarse a estos cambios; comprendiendo el contexto cultural en el que operan y siendo capaces de representar las diversas expresiones artísticas con autenticidad y respeto. También debemos reconocer el valor de contar con una sensibilidad cultural en la creación de contenido publicitario.
Preparar a futuros profesionales en este campo es un desafío emocionante y lleno de oportunidades. En un mundo en constante cambio, es vital que cuenten con las habilidades y el conocimiento necesarios para enfrentar los desafíos que ofrece el ámbito cultural de esta ciudad. La generación que despertaba todos los domingos para ver a Chabelo se ríe con la generación que crea memes del inmortal Chabelo, sea lo que eso les signifique. Nosotras fuimos de lo analógico a lo digital, eso nos hizo comprender la importancia de adaptarnos a los cambios y de fusionar lo mejor de ambos mundos. Esta generación está arraigada en la era digital, pero, paradójicamente, buscan formas de conectar con lo analógico para enriquecer su experiencia y su comprensión del mundo. En realidad, no estamos tan lejos, o por lo menos sí coincidimos en muchos puntos.
Cuando la comunicación logra trascender y formar parte del imaginario colectivo se convierte en un vehículo poderoso de identidad y orgullo comunitario, como lo hizo la icónica marca de helados Danesa 33 con «Una bola de sabor», su famoso comercial de la década de los años 80. Transmitir apuntes, conocimientos, valores, pasión y el compromiso inherente a nuestra profesión nos asegura que las y los jóvenes estarán preparados para enfrentar los desafíos del futuro. Llevarán consigo el espíritu de creatividad, autenticidad y respeto por la cultura que hemos cultivado para compartirla desde espacios más inclusivos. Juntas y juntos en esta complicidad, seguiremos entendiendo la comunicación estratégica como una herramienta poderosa para enaltecer y preservar la riqueza cultural y artística de Guadalajara. Y ellas, ellos estarán encargados de escribir futuros apuntes.

Érika Ledezma Barragán
Especialista en medios digitales, así como en publicidad y comunicación estratégica. Con experiencia en áreas de investigación, diseño gráfico y creación de contenido. Líder en proyectos creativos y directora de diversas campañas sociales, comerciales y políticas. Creadora y CEO de Nativa Comunicación. Tiene una maestría en Historia de México, con especialidad en la Línea de Estudios Socioculturales por la Universidad de Guadalajara (UDG). Es egresada de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación por el ITESO. Actualmente coordina la carrera de Publicidad y Comunicación Estratégica en esta misma universidad.
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