
Miro al teléfono y una pila de notificaciones de WhatsApp demanda mi completa atención. Las reviso cada vez que puedo a lo largo del día: cuando voy en el tren ligero, en medio de asignaciones en la oficina, al tomarme un respiro durante el ejercicio e incluso justo antes de dormir, ya cuando los ojos me pesan.
Posters de obras de teatro, exposiciones en museos, conciertos, publicaciones de libros, ruedas de prensa, charlas, festivales, filmes y más, son las olas de una marea de actividades que inundan cada semana a esta ciudad.
Es el grupo de “Reporter@s Cultura 🎭”, que mantiene como distintivo la foto de la Catedral de Guadalajara. Se trata de una sala de chat en Whatsapp que en noviembre de 2019 resultó un remedio ideado por las reporteras Alejandra Carrillo, Alicia Preza y quien escribe estas líneas, para congregar allí a colegas de medios de comunicación que cubren la fuente, y a quienes representan las oficinas de prensa de instituciones relacionadas a la cultura en Guadalajara y sus alrededores.
Desde entonces, ese grupo se ha compartido de boca en boca y, aunque sé que aún faltan muchas y muchos colegas, hoy suman 82 personas “culturosas” que comparten y consumen la agenda local de eventos. Pero, si desmenuzamos ese número, se pone en evidencia una realidad: ahí sólo somos 21 personas que están involucradas en el proceso editorial de algún proyecto periodístico (jefaturas de información y reporteo), y de esas, somos 13 quienes nos dedicamos a producir exclusivamente información sobre la oferta cultural.
No alcanza el tiempo pero menos el espacio
Ya lo dijo Martín Caparrós en alguna de sus columnas: quien se dedica al periodismo es quien tiene en su cabeza algo que sabe que vale la pena ser contado. Puedo confirmarlo, pero en el caso de quienes estamos en el rubro del periodismo cultural en Guadalajara estamos resignados a que no toda la información que deseamos contar podrá encontrar salida y, si bien nos va, se estará apilando en el apartado de “temas a cubrir cuando tenga tiempo”.
Esto porque no sólo atendemos lo que nos interesa, también hay que atender la agenda impuesta por el medio, los bomberazos, encargos, las investigaciones profundas, todo en medio de cumplir con los asuntos de la vida misma.
A esto se suma que en los medios tradicionales ya no hay tanto espacio para publicar sobre cultura, cosa que es una crisis palpable en Guadalajara, pues tan solo en la última décadas dejaron de existir suplementos impresos, tal como lo refiere Diego Mejía Picón1, para el Observatorio de la Información y la Cultura (ETIUS) del ITESO. Algunos espacios que recordamos, y que ya no existen son Ocio, de Milenio; Tapatío, de El Informador; La O de El Occidental y el semanario de La Jornada Jalisco. Agrego también a esta lista a O2 Cultura, de La gaceta de la UdeG, aunque hoy persiste desde el sitio web del medio universitario.
En tanto, los espacios que hoy quedan en periódicos poseen si acaso poco más de un par de páginas y en ocasiones están combinadas con temas de farándula o cultura televisiva, que también tiene su valor dentro del periodismo cultural, pero que sí reduce a otras manifestaciones y disciplinas.
Sabemos que no faltará la cobertura de todo lo que tiene alcance nacional e internacional en la Perla de Occidente, como los festivales, la presencia de personalidades del cine, las fiestas tradicionales y más; pero a la par no se suele abundar en temas emergentes del ecosistema cultural conformado por galerías, teatros, casas editoriales, acción social en barrios, así como investigaciones y proyectos de recuperación del legado cultural enfocados en la gastronomía, arquitectura, plástica, memoria oral, personajes ilustres, y el turismo sostenible.
Pero los medios tradicionales no lo son todo, también están los medios culturales digitales e independientes, que aunque sí suelen gestionar una agenda amplia y diversa de temas, padecen en tener pocas colaboraciones y a quienes se invita a colaborar, deben compaginar su amor al periodismo con otros trabajos que sí les remunere económicamente; aunque de nuevo, se quedan sin tiempo para dedicarle lo justo a la reporteada.
En el documento Ecosistema de Medios de Jalisco, que he alimentado desde hace más de una década (cuando comencé a dedicarme al periodismo), están registrados cincuenta y ocho medios de comunicación en la entidad que consideran en sus publicaciones los temas culturales; de esos, veintiocho medios están enfocados únicamente a la cultura y veintitrés son nativos digitales cien por ciento culturales.
El reto de éstos últimos medios es arduo: posicionar contenidos en los motores de búsqueda, buscar publicidad u otros modelos de negocios para autofinanciarse, aplicar a becas para pagar el servicio de sus periodistas, además atender el mantenimiento del sistema en la web y conocer de marketing e innovaciones de contenidos para las redes sociales. Esto lo sé porque llevo casi una década emprendiendo en el medio Ciudad Olinka, sobre cultura en las regiones de Jalisco.
Esas son las dos caras de una crisis que evita que quien se dedica al periodismo siga creando puentes entre quien hace la creación, gestión o el desarrollo cultural y el público.
La cultura, el entendimiento en comunidad
¿Para qué la cultura? Además de la típica definición antropológica que dice que la cultura es todo conocimiento emanado de una sociedad, hay un concepto más aterrizado para quien se acaba la suela del zapato en búsqueda de la nota.
“La cultura es aquella actividad incesante motivada para satisfacer necesidades emotivas, intelectuales y físicas con lo que tiene el ser humano al alcance”, alguna vez me compartió el reportero Miguel de la Cruz en una entrevista para la Gaceta de la Universidad de Guadalajara, a propósito de que en 2021 recibió el Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez durante la FIL Guadalajara, debido a sus tres décadas como reportero en Canal Once.
“Para quitarte el frío generas ropa. Para quitarte el hambre preparas comida o platillos. Pero hay dos necesidades que no se identifican tan fácil, porque no se miden, que es la necesidad de emocionarse y la necesidad de pensar, y ahí incide la actividad artística (teatro, danza, música, pintura, literatura)”, me respondió Miguel, con una convicción incuestionable y desde entonces estoy convencido de que conocer la cultura permite reflexionar sobre nuestras necesidades físicas y del espíritu.
Entonces, con esta crisis de los medios, no sólo se impide que más personas conozcan sobre los bienes culturales, sino sobre herramientas que permiten el autoconocimiento, el empoderamiento, la concientización y la transformación social de las personas, de las familias, de las comunidades.
Pienso en proyectos de creación de murales urbanos con temáticas feministas en el Parque Rojo, donde las colectivas se unen para plasmar en trazos sus denuncias contra violencias patriarcales. También en los adultos mayores que toman la explanada del Santuario de Guadalupe para bailar danzón, cuya nostalgia es motor para preservar el baile que marcó su juventud. De igual forma en los recorridos por las calles del Centro tapatío donde un historiador que investiga en hemerotecas cuenta las leyendas olvidadas, que mantienen a niños y adultos a la expectativa del asombro.
Pienso entonces en cómo estos proyectos generan cambios en las personas.
Cómo el periodismo crea puentes en la cultura
Cada periodista tiene su causa y entre más periodistas existan, más mociones habrá para visibilizar las distintas caras de la realidad. Ahí está Héctor Navarro, colega de UDG TV Canal 44, quien este año hizo una serie de reportajes sobre el presupuesto que destinamos los jaliscienses para el ocio: los conciertos, el cine, cuál es la perspectiva nacional, las políticas públicas, su análisis con respecto a la canasta básica. Él salió a las calles para conocer cómo solventan su necesidad de emocionarse.
Alejandra Carrillo, en Mural, atravesada por la perspectiva de género, ha contado cientos de increíbles historias sobre proyectos encabezados por mujeres y disidencias sexogenéricas, que van desde festivales de música, gestiones comunitarias o el boom de clubes tapatíos de lectura que leen obras de autoras.
Rebeca Pérez Vega, también de Mural, es vigilante asidua del patrimonio cultural edificado que está a merced de los cárteles inmobiliarios que derrumban fincas de valor histórico y artístico para construir torres. La discusión sobre la protección por parte del gobierno y la población siempre está en boga cuando ella exhibe esta situación.
Iván Sergio Mendo, el llamado “Poeta de la Noticia”, de Televisa Guadalajara, se piensa ya como una institución y aunque le toca cubrir temas de la ciudad no pierde la oportunidad de que la audiencia conecte con historias urbanas gracias a su empatía y preciso uso de la palabra. Además de que es un gran embajador del patrimonio fílmico del país con su programa Favoritas del cine mexicano, en el Canal 44.
A mí lo que me toca es mantener en la conversación los temas de la memoria y la tradición oral de los pueblos de Jalisco, de donde podemos recuperar conocimientos para el presente, a la par de reflexionar sobre las identidades que hemos construido y podemos deconstruir.
En este documento que elaboré sobre Ecosistemas de Medios de Jalisco he registrado hasta este momento a cincuenta reporteras y reporteros de cultura que están en activo. Sé que en esa lista podrían faltar nombres, si es así escríbanme vía X-Twitter, en @ivanBien, para agregar a quien falte.
Por lo pronto, considero que la suma de estas visiones siguen siendo corta; seguramente aún faltan muchas causas por hacer visibles en los medios, y más si pensamos que hoy somos 8 millones 778 mil 827 jaliscienses.
Una defensa constante frente a la crisis
No hay fórmulas que resuelvan el problema de la crisis de medios. Sin embargo acá retomo algunas propuestas que no suenan descabelladas y que nos pueden ayudar a resistir: desde los medios tradicionales, que haya nuevas estrategias de ventas para posicionar a la sección de cultura. En el informe de Diego Mejía Picón él recupera la experiencia de Avelino Sordo Vilchis, quien tiene una larga trayectoria en equipos editoriales:
“‘Yo hago cultura, el departamento especializado en ventas debe ponerse a trabajar en eso, yo me comprometo a hacer un producto chingón’ (…) Sordo Vilchis considera que esto es un problema de visión, de compromiso con el lector y no de dinero. Es la falta de seriedad con la que miran el periodismo, tienen suplementos de seiscientas páginas de señoras ricas cenando’”.
Mientras tanto, a los medios independientes el ejemplo se los puso La Desvelada, que este 2024 emprendió una campaña de crowdfunding a la que colegas se sumaron para intercambiar sus servicios profesionales a cambio de depósitos de dinero para la subsistencia del medio. El espíritu comunitario por impulsar el periodismo independiente se hizo presente.
Por último, a quienes somos periodistas nos queda innovar en cómo contar las historias, hacerlas cercanas, digeribles. Es importante aclarar que como periodistas no damos voz a la gente, sólo amplificamos la información. Hay quienes están convencidas de que sólo deberíamos limitarnos a informar y ya. Lo que no comprenden esas personas es que hay quienes decidimos informar para incidir en un cambio en las comunidades a las que pertenecemos, en las que vivimos.
- Mejía Picón, D. (2021)“«La cultura no vende». Los suplementos culturales en Guadalajara”. ETIUS. ITESO. Disponible en: https://editorial.iteso.mx/index.php/PI/catalog/view/56/54/2058 ↩︎

Iván Serrano Jauregui
Periodista cultural tapatío interesado en temas de tradición oral, patrimonio, identidades y territorio. Es director del medio digital Ciudad Olinka, sobre cultura en las regiones de Jalisco; así como reportero y locutor para Prensa UdeG y Gaceta UdeG. Creador del podcast «Jalisco. Voces de Leyenda». Fue ganador del Premio Jalisco de Periodismo en 2014. Es licenciado en Periodismo por el CUCiénega de la UdeG y egresado de Ing. en Sistemas Computacionales por la UAG. Ha fungido como docente de la licenciatura en Periodismo Digital de UDGVirtual y del Centro de Formación de Periodismo Digital de la UdeG. Ha sido colaborador en medios como Radio UdeG Ocotlán, El Diario NTR Guadalajara, Revista Calafia Life, Proyecto Puente, Kä Volta y Revista Colibrí.
© Adriana González
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